Extracto de la conferencia “Showlight”. Dijon, Francia. 2025

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Con ocasión de la conferencia “Showlight 2025”, ilustramos, a través de una serie de ejemplos concretos de proyectos realizados, la relación que existe entre la iluminación de una obra teatral y la de una obra arquitectónica o una obra de arte.
Comenzamos con un análisis de las iglesias, dentro de las cuales se alternan estas diferentes formas de iluminación.
Los lugares de culto y la luz que cambia
Las iglesias siempre han sido un teatro, el lugar donde tienen lugar la liturgia y la vida de la comunidad. Con el paso del tiempo, su iluminación ha evolucionado, moldeada por las tecnologías disponibles y por el espíritu de las diferentes épocas.
En las iglesias bizantinas, por ejemplo, la luz reflejada por los mosaicos dorados representaba la gracia divina que lo abarca todo. En las iglesias románicas, pequeñas ventanas permitían que se filtrara únicamente una luz tenue, reflejo de un mundo marcado por la culpa y la penitencia. Las catedrales góticas, por el contrario, se abren a la luz: inmensas vidrieras inundan los interiores de luz natural, elevando la mirada hacia un cielo luminoso. Hablando de arquitectura gótica, analizamos el proyecto de iluminación de la Catedral de Milán, en cuya realización colaboramos hace algunos años.

Maestà di Cristo in trono tra i Santi Pietro e Paolo.mosaico de fondo dorado. Palazzo dei Normanni, Palermo. © Jacques Savoye
Las catedrales, además de ser lugares de culto y celebración, son también monumentos históricos ricos en detalles, frisos decorativos y esculturas. Lugares que oscilan entre espacios museísticos, lugares de ritos y celebraciones y destinos de peregrinación. La iluminación de un lugar de culto, y aún más la de una catedral, debe ser capaz de combinar todos estos aspectos, que juntos contribuyen a definir su identidad.

Sainte-Chapelle. Detalle de las vidrieras. © Marco Miglioli
Las vidrieras también desempeñan un papel fundamental en la iluminación de las catedrales. La luz natural pasa a formar parte de la escenografía de la catedral: durante el día, las vidrieras proyectan reflejos de color sobre el mármol, mientras que por la noche brillan hacia el exterior, transformando la fachada en una linterna.
Durante la conferencia también analizamos cómo resulta de primordial importancia instalar sistemas de iluminación dinámica en el interior de las iglesias.
Como la música, la luz es un lenguaje: acompaña el ritmo de la celebración, varía en intensidad y tonalidad y contribuye a crear una atmósfera rica en imágenes y emociones.
Tomemos dos ejemplos:
La Vigilia Pascual comienza de noche con el cirio pascual, un único punto de luz. A partir de ese momento, la iluminación se expande y se intensifica progresivamente a lo largo de la celebración, estallando finalmente en una luminosidad que llena todo el espacio. Esta coreografía luminosa hace visible el misterio pascual: el paso de la oscuridad de la muerte al amanecer de la Resurrección.
La Misa dominical presenta dos momentos fundamentales: la Liturgia de la Palabra y la Eucaristía. En el primero, la luz aísla al lector mientras el resto del espacio permanece en sombra; en el segundo, el foco luminoso se desplaza del ambón al altar.
Las iglesias pueden incluso convertirse en auténticos teatros, acogiendo eventos cívicos como conciertos, lecturas u óperas.
Del Teatro Grande al Teatro Íntimo
O cómo un pequeño elemento puede convertirse en el protagonista de la escena, el personaje principal de la arquitectura.
Entre los diversos ejemplos analizados, nos detuvimos en la “Cruz Procesional con Santos Franciscanos” de Rafael, expuesta en el Museo Poldi Pezzoli.
Esta obra, a caballo entre la escultura y la pintura, fue colocada dentro de una vitrina especialmente diseñada en las galerías renovadas del museo, que mediante una secuencia de espacios evocan la profundidad de los palacios renacentistas italianos. El espacio arquitectónico es la escenografía en la que las obras de arte “actúan”.
La nueva iluminación de la Cruz de Rafael, conseguida mediante el uso de filtros e instrumentos especiales, permitió iluminar la cruz con una luz suave y rasante que reveló detalles, relieves y punzonados ocultos durante mucho tiempo por la iluminación anterior.
Al igual que ocurre en las iglesias, cuando se ilumina una obra de arte el control de la luz es de primordial importancia: niveles más elevados de iluminancia mejoran la percepción de los detalles, el contraste y la discriminación cromática, especialmente para los visitantes de mayor edad, que constituyen una parte significativa del público de los museos. La integración de la iluminación dentro de la vitrina permitió por tanto un control extremadamente preciso de la intensidad luminosa. La luz puede reducirse posteriormente en presencia de un público diferente o en ausencia de visitantes, reduciendo así la radiación luminosa sobre la obra de arte.
Como en el teatro, el espectro de la luz desempeña uno de los papeles fundamentales en la iluminación de la escena y de los personajes; del mismo modo, en un museo la elección de la luz contribuye a definir el espacio y a transmitir emociones. En el caso de la Cruz de Rafael, dado que la superficie dorada de la obra aparecía inicialmente diferente de los marcos dorados de las pinturas circundantes, consideramos oportuno armonizar estos tonos cálidos. Además, las fuentes LED, por su propia naturaleza, pueden provocar a largo plazo una degradación cromática de los pigmentos naturales, principalmente debido a las emisiones ultravioletas y al componente azul del espectro. Este aspecto también requirió un cuidadoso trabajo de ajuste espectral.
El Escenario de la Memoria
En una arquitectura iluminada, el protagonista puede ser una comunidad, una obra de arte o los propios visitantes.
Este es el caso del Memorial de la Shoah de Milán, otro proyecto en el que hemos trabajado y en el que seguimos trabajando.
El Memorial se encuentra en el lugar exacto desde donde partían los trenes que transportaban a los deportados, bajo la actual Estación Central, que sigue en funcionamiento. El recorrido del visitante comienza en un amplio vestíbulo de entrada, donde una pared que lleva la palabra “INDIFERENCIA” oculta el espacio interior. Hace referencia a la indiferencia que comenzó con las leyes raciales de 1938.
Aquí la luz artificial se mezcla con la luz natural que entra a través de las grandes superficies acristaladas: un lugar todavía tocado por el sol, por la vida y por la normalidad cotidiana. Más allá de este umbral, sin embargo, la luz se atenúa y el visitante entra en la oscuridad de la Memoria.
El sonido del tren constituye la banda sonora del Memorial. Cada vez que un tren pasa por el nivel superior, todo el espacio vibra y resuena. Uno de los espacios más intensos desde el punto de vista emocional es el “Andén del Destino Desconocido”, donde se conservan inmóviles vagones de mercancías del mismo período que los utilizados para las deportaciones. Aquí la luz cambia de intensidad y color cada vez que pasa un tren.
Para dar testimonio de la desesperación de vidas reducidas a cuerpos, privadas de su historia y de su dignidad, el nuevo proyecto pretende hacer resonar el propio cuerpo del visitante a través de vibraciones sonoras y luminosas. Espacio, luz y sonido se integran para crear una experiencia sensorial inmersiva.
El corredor central está iluminado de manera desigual, con fuertes contrastes entre luz y sombra que generan una sensación de inquietud a medida que se avanza hacia la oscuridad.
Entre los distintos espacios se encuentran las Salas de los Testimonios: volúmenes cúbicos de bordes irregulares donde los visitantes pueden sentarse en penumbra y escuchar las voces de los supervivientes.
En el área expositiva, la luz revela la presencia de cada obra y de cada objeto expuesto.
El recorrido concluye en la Sala de la Reflexión, un espacio dedicado a la contemplación y al silencio. Se accede a ella a través de una estrecha abertura practicada en una estructura cónica, después de recorrer un camino aparentemente inestable entre dos altas paredes de acero oscuro, como si se estuviera dentro de una escultura de Richard Serra.
La inestabilidad del recorrido, combinada con una iluminación severa y profundas zonas de sombra, genera una sensación de precariedad. Una abertura roja en el techo permite que un haz de luz atraviese la oscuridad y guíe la mirada hacia arriba, como en las catedrales góticas, ofreciendo un signo de esperanza.
Aquí, la luz cenital aísla el espacio arquitectónico del mundo exterior, resaltando y poniendo en valor un lugar particularmente evocador.
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