La iluminación de los campanarios

Tiempo de lectura: 8 min.
“Porque la nube del Señor estaba sobre el tabernáculo durante el día, y había fuego en él durante la noche, a la vista de toda la casa de Israel, durante todos sus viajes”.
Éxodo 40:34–45:38

Raffaello Sazio, grabado por Cesare Fantetti, Descendebat nubis columna, segunda mitad del siglo XVII. Aguafuerte. Londres, Victoria and Albert Museum.
El campanario como faro en la noche
El pasaje bíblico citado en exergo se refiere al largo viaje del pueblo de Israel a través del desierto. Dios acompaña a su pueblo como nube durante el día y como columna de fuego durante la noche; no se revela directamente, sino de manera enigmática, sin disipar toda la ansiedad e incertidumbre de los fugitivos. Si se ocultara, ¿qué sería de ellos? ¿Se perderían? Sus emociones oscilan entre la angustia del abandono y la certeza de una presencia, entre la soledad y la confianza.
Este pasaje del Éxodo nos hizo pensaren el campanario como un faro de luz. Nos hace imaginar un viajero, un peregrino que, durante la noche, intenta orientarse con la luz del campanario, una luz que aparece y luego también se pierde. Parece una metáfora del creyente que oscila entre la angustia del abandono y la dulce certeza de una guía invisible.
Espacio y tiempo: el campanario como símbolo
Al elevarse hacia el cielo con su forma esbelta, el campanario expresa el anhelo humano de ascender a Dios. Más allá de su función religiosa, con el tiempo ha adquirido también un papel cívico. De echo, inicialmente confinado dentro de las paredes monásticas para uso exclusivo de los monjes, salió del claustro colocándose junto a las iglesias y en las plazas públicas. Se convirtió en un punto de referencia y de reunión de toda la comunidad, marcando no solo las horas litúrgicas, sino también los ritmos de la vida diaria del trabajo, de las festividades y de las emergencias. El campanario, este faro terrestre, debe ser reconocible en todo momento: de día por el sonido de sus campanas, y de noche por la luz que revela su presencia, guiando a los viajeros a través del territorio.

Giovanni Segantini, Ave Maria a Trasbordo (detalle), 1886. Óleo sobre lienzo. St. Moritz, Museo Segantini.
La iluminación de un campanario debe subrayar su verticalidad, que como se ha dicho, simboliza el deseo del hombre de elevarse hacia la luz celestial. Por tanto, la iluminación no debe concentrarse en la base o en la parte inferior del fuste, sino expresar su tensión hacia arriba, ganando fuerza a medida que asciende sin fragmentarse, resaltando la continuidad de sus superficies y culminando en el cuerpo de campanas y la cubierta.
La iluminación también debe integrarse en el paisaje rural o urbano en el que se encuentra el campanario. Una luz excesiva aislaría el campanario de la comunidad, disminuyendo su función de punto de referencia. Cada proyecto de iluminación debe nacer por lo tanto de una evaluación cuidadosa del contexto, observando diferentes escalas: tanto cerca del campanario como desde lejos.
El campanario y los estilos arquitectónicos
A lo largo de los siglos, los campanarios y las torres han cambiado de forma, reflejando los cambios en la sociedad y el papel histórico de la Iglesia (desde el románico al gótico y al barroco, por nombrar algunos ejemplos). La iluminación de los campanarios debe por eso resaltar la especificidad de las diferentes morfologías arquitectónicas y hacer explícitas las intenciones implícitas de los constructores de cada época.

Campanario románico

Campanario gótico

Campanario barroco
El campanario románico, con su forma clara y cuadrada, cuyos muros macizos aíslan el interior de la realidad exterior, refleja un ideal de austera espiritualidad, acorde con las enseñanzas religiosas de la época. Por ello, la iluminación debe centrarse principalmente en el interior y en el cuerpo de campanas, iluminando apenas la estructura exterior, resaltando así el origen del sonido (en cierto modo manifestación de la “Palabra”). En el románico, la luz indica la dirección a seguir y, como un faro, guía al fiel a través de la oscuridad.
La transición al gótico (cuyas torres esbeltas y cuyos arcos, en una fusión entre el interior y el exterior, desmaterializan la piedra) introduce una luz nueva, brillante y cargada de colores. Parece una llamada a la Jerusalén Celestial. En esta atmósfera luminosa y aireada, la iluminación debe resaltar principalmente la cubierta del campanario y, mediante una composición de diferentes luminancias, destacar innovaciones técnicas como agujas, arcos apuntados o arbotantes. Los campanarios, que representan mejor la verticalidad del edificio sagrado, deben ser un triunfo de luz. El gótico es un periodo en el que la sociedad comienza a secularizarse, y la luz que cae desde lo alto invita a elevar la mirada y entablar un diálogo con Dios.
El periodo barroco se caracteriza por el dramático contraste entre la Iglesia Católica y la Reforma Protestante. La Iglesia busca afirmar su centralidad y prestigio también a través de la majestuosidad de la arquitectura y el arte que promovía. La arquitectura barroca incorporó las nuevas instancias intelectuales de la Ilustración (Caravaggio es un ejemplo) en la que la sombra no es simplemente un elemento marginal de fondo, sino que, junto con la luz, crea, cava el espacio. La iluminación de campanarios y torres, aunque abarque toda la estructura, debe potenciar estos juegos de luz y sombra.
Los campanarios contemporáneos requieren un enfoque distinto: la luz cada vez debe adaptarse según la estructura arquitectónica y dialogar con las intenciones de la diócesis.
Un caso aparte es el campanario civil, que, fuera del contexto religioso, simboliza la pertenencia a una comunidad y sirve, a través del reloj, para marcar el tiempo de las actividades laborales.
Iluminar la verticalidad
Iluminar la verticalidad de los campanarios significa enfatizar la cúspide de la construcción. La iluminación de las superficies verticales puede lograrse de dos formas: con luminarias instaladas directamente en el campanario, o externamente sobre cornisas y fachadas de edificios circundantes, en postes especiales o farolas existentes.
En el primer caso, la iluminación debe ser principalmente cenital, utilizando proyectores de haz relativamente estrecho. Los proyectores de haz estrecho permiten proyectar la luz más lejos que los de haz amplio, evitando la instalación de luminarias a diferentes niveles, lo que fragmentaría la verticalidad y aumentaría el riesgo de deslumbramiento. Esta solución también es adecuada para destacar detalles arquitectónicos y artísticos mediante contrastes de luminancia.
En el segundo caso, la luz produce un efecto más uniforme, pero requiere un mayor número de proyectores. La amplitud de los haces debe evitar que la luz se disperse alrededor del campanario. El resultado es una iluminación suave y homogénea.
La iluminación descendente, si las luminarias no están correctamente protegida y calibrada, puede causar deslumbramiento. Por ello, además de utilizar accesorios de control de haz, la anchura del haz debe ser generalmente lo más estrecha posible.
Se debe prestar especial atención al sistema de fijación de las luminarias, especialmente cerca de la torre de campanas o del tambor, ya que las vibraciones generadas por las campanas podrían modificar el apuntado de los proyectores o debilitar sus soportes.
Contaminación lumínica
Un aspecto crítico al iluminar un campanario es la contaminación lumínica, es decir aquellas formas de radiación luminosa artificial que se dispersan en el entorno natural, especialmente hacia el cielo, afectando negativamente los biorritmos de la fauna y flora locales. Este efecto se debe principalmente a los reflejos de la luz en superficies iluminadas o a la falta de protección adecuada de la fuente luminosa.
Los sistemas de iluminación de campanarios deben garantizar que las superficies iluminadas no excedan los niveles mínimos de luminancia establecidos por la normativa nacional y local. Idealmente, dichos sistemas deberían incluir regulación automática para atenuar o apagar parcialmente la luz durante las horas centrales de la noche, o reducir el flujo respecto al régimen completo.
Esto ademas supone ahorro energético.

Vincent Van Gogh, La noche estrellada, 1889. Óleo sobre lienzo. Nueva York, EE. UU, MoMA.
Lo que más afecta negativamente al entorno natural es el entero espectro de la luz (no solo la temperatura de color). El espectro debe evitar las componentes a los que las plantas y animales son especialmente sensibles, en particular las longitudes de onda azul y roja. Teniendo en cuenta la protección ambiental, la composición espectral de la fuente luminosa debe elegirse según los materiales con los que se construyó el campanario, resaltando sus colores y texturas: por ejemplo, una luz más cálida se prefiere para un campanario de ladrillo, mientras que una luz más fría realza mejor una superficie de mármol claro.
Comments are closed.